El QR ha dejado de ser una curiosidad
Hace unos años, los códigos QR eran esa cosa rara que nadie escaneaba. Llegó la pandemia, empezaron a usarse para ver menús en restaurantes y de repente todo el mundo sabía lo que era un QR. Ahora los escaneas sin pensarlo.
Y eso es una oportunidad enorme para cualquier negocio pequeño.
¿Dónde poner un QR?
La pregunta no es tanto dónde ponerlo, sino dónde tiene sentido que un cliente lo escanee. Algunos sitios que funcionan muy bien:
- En el mostrador o la caja: mientras el cliente espera a pagar o a que le atiendan, tiene un momento muerto perfecto para escanear.
- En las mesas (si tienes un restaurante o cafetería): ya está normalizado. La gente lo hace sin que se lo pidas.
- En la tarjeta de visita: en vez de poner solo tu teléfono, añade un QR que lleve directamente a tu app o catálogo.
- En el escaparate: alguien pasa por delante, le interesa lo que ve, escanea y ya tiene toda tu información.
- En pegatinas o flyers: si dejas publicidad en algún sitio, un QR convierte un papel pasivo en un canal de comunicación.
Lo importante es lo que pasa después del escaneo
Un QR que lleva a una página web genérica... funciona, pero se puede hacer mucho mejor. Lo ideal es que el QR lleve a algo que tu cliente quiera guardar. Ahí es donde entra la app instalable.
Cuando alguien escanea tu QR y le sale la opción de instalar tu app en su móvil, estás consiguiendo algo que las redes sociales no te dan: un canal directo y permanente con ese cliente. No depende de algoritmos, no depende de que te siga en Instagram, no depende de nada. Tu app está ahí, en su pantalla, y la próxima vez que necesite lo que tú ofreces, no va a buscar en Google.
Un caso real
Una barbería de Madrid hizo algo muy sencillo: imprimió un QR en un cartelito pequeño y lo puso junto al espejo. El cliente, mientras le cortan el pelo, no tiene mucho más que hacer que mirar el móvil. Muchos escaneaban por curiosidad, veían la app, la instalaban y a partir de ahí reservaban la siguiente cita desde el móvil.
El barbero nos contó que en dos semanas dejó de recibir llamadas para pedir hora. Todo le llegaba ya por la app. Gratis. Con un trozo de cartón y un QR.
Cuesta cero y funciona
Eso es lo mejor de los códigos QR: no cuestan nada. Generar uno es gratis, imprimirlo cuesta céntimos y el beneficio puede ser enorme. Si aún no estás usando uno en tu negocio, francamente, lo estás dejando pasar.